domingo, 8 de mayo de 2011

Grupo de duelo


Creo sinceramente que necesitamos acercarnos a la muerte mientras estamos en vida.
También creo que todo el que lo necesite tiene que tener acceso a ayuda, si así lo siente.
Creo que el duelo compartido es más llevadero. El proceso, el camino, se hace más ligero y, probablemente más rápido.
Por estas razones y muchas más, he decidido ponerme manos a la obra y ofrecer terapia de duelo en grupo, asequible para todos los bolsillos.

  • Si estás en un proceso de duelo por una pérdida importante en tu vida
  • Si tienes una enfermedad crónica o terminal
  • Si tienes a alguna persona querida enferma crónica o terminal
te ofrezco reunirnos una vez por semana con personas que están pasando por lo mismo o algo similar.

No es un grupo de ayuda mutua, sino un grupo terapéutico, moderado por mí:

Ana H. Huet
Terapeuta gestáltica y corporal
Especializada en procesos de duelo
Terapeuta de Flores de Bach
Maestra de Reiki
Trabajadora Social

A medida que me contactéis, definiremos el día y la hora del encuentro.

Lugar: Sant Cugat del Vallés (Barcelona - España)
Precio: 10€ por sesión
Teléfono de contacto: 649542069
o si lo prefieres, escríbeme un e-mail: anahhuet@gmail.com/duelocompartido@gmail.com

Sé que a veces es difícil tomar la decisión de incorporarse a un grupo o a una terapia. Por ello te animo a que hables conmigo, o me escribas. Podemos concertar una primera entrevista totalmente gratuita para obtener más información y decidir, con total libertad y sin compromiso, si crees que te puede ayudar o no incorporarte al grupo o hacer terapia individual.

Un saludo afectuoso
Ana



jueves, 17 de marzo de 2011

El discreto duelo de los japoneses: una estrategia frente a la tragedia

Patricia Luna

BBC Mundo

Ante el tamaño descomunal de la tragedia que se vive en Japón, llama la atención la reacción calmada y contenida de muchos japoneses ante la adversidad.

Los expertos apuntan a las particularidades culturales para explicar esa postura, y señalan que, en esa cultura, es una manera efectiva de procesar el duelo.

"En Japón existen dos términos el tatemae, o comportamiento en público, y el honne, los sentimientos y deseos verdaderos de la persona. En este caso el tatemae gana. Cuando las emociones son negativas perjudican a los que están alrededor. Existe la creencia de que transmiten una energía negativa, y eso es algo que hay que evitar", explica a BBC Mundo Miguel Angel Cristobal, psicólogo clínico y experto en el estudio de diferencias culturales.

"Es una sociedad de grupo donde lo importante no es que el individuo triunfe, sinoque lo haga el grupo y para eso el individuo está dispuesto a sacrificar cosas suyas, reprimen sentimientos para que el resto no se contagien de ese elemento negativo", continúa Cristóbal.


Seguir adelante

En el mismo sentido se manifiesta la experta en psicología social y directora del grupo PGD, (Psicología, Gestión y Desarrollo) en España, Miriam González Pablo.

"Ellos saben que están mal, pero no lo expresan para que el grupo no tenga un dolor tan grande y pueda seguir trabajando en buscar a las víctimas, o recuperarse", asegura González.

"Al ser una cultura colectivista que siempre buscan el apoyo de los otros, esperan la respuesta del grupo y a su vez el grupo se siente cuidado por el grupo", explica a BBC Mundo.

Sin embargo, esto no quiere decir que los japoneses no estén sintiendo el dolor, sólo que no lo expresan de la forma que se haría en otras sociedades.

"Ellos no dejan de sentir, hay muchas formas de expresar un duelo. Lo llevan por dentro. El que no se exprese en público, se vean en televisión los muertos o gente llorando, no significa que no lo expresen en la privacidad de sus casas. Pero piensan que si lo expresan sobrecargan al que está al lado que ya tiene lo suyo, si tienes que lidiar con tu dolor y además lo expreso, el de al lado tiene que lidiar con el suyo y con el mío", afirma Cristóbal.

Los expertos dudan que esta manera de manejar los sentimientos tenga efectos negativos muy sustanciales sobre la salud emocional de los individuos.

De hecho si se comparan las estadísticas, en Japón no se observa una tasa de depresiones más alta que en otros países desarrollados.

"Si miramos a la patología en Japón comparado con España no hay diferencia. Esto quiere decir que la cultura no está creando unos límites que dificulten que alguien procese su duelo y que luego eso se convierta en patología, en tristeza o en depresión", explica a BBC Mundo el experto en diferencias culturales.

Contraste latino

¿Cómo contrasta esto con las culturas latinas? Para Cristóbal es muy claro.

"Podemos establecer la parabola de un jinete que monta un elefante. El jinete sería la parte racional y el elefante las emociones. Lo ideal es que el jinete guíe a las emociones. En las culturas latinas el elefante se desboca, no siempre está controlado por el jinete, mientras que en la cultura japonesa el jinete, controla y lleva y es el que a veces ignora y tapa al elefante".

Y es que la forma de expresar la emoción está fuertemente mediatizada por la cultura.

"Expresar para nosotros es sano, pero es sano porque la cultura lo permite y espera que hagamos eso", añade.

"Los latinos expresamos mediante el sensacionalismo del dolor. Pero con la tragedia japonesa hemos aprendido que las imágenes de destrucción también pueden mostrar dolor. Al ver una imagen de un barco que está y luego no está o de casas que desaparecen, estamos ante imágenes cargadas de contenidos, podemos intuir el dolor y sabemos que eso conlleva muerte, aunque no veamos los cadáveres", explica por su parte Miriam González.

Esta contención en lo que se ve por televisión estaría destinada a evitar que la gente vuelva a experimentar el dolor a través de las imágenes.

"En los atentados de Madrid en 2004 hubo personas que no estuvieron en la estación de tren pero que sufieron pesadillas al rememorar las imágenes atroces que habían visto por la tele. La postura japonesa favorece que no haya una revictimización, una exposición del dolor sin ninguna otra compensación".

Aunque los expertos están de acuerdo en que, sin importar como lo hagamos, es importante expresar las emociones.


La vida es incierta


Cuando la muerte llama a tu puerta, todas tus convicciones no serán más que absurdos acertijos.

No te aferres a ninguna convicción.

La vida es incierta, la misma naturaleza de la vida es la incertidumbre.

Y la persona inteligente siempre está insegura.

La propia disposición de mantenerse en la incertidumbre es valentía.

Esta disposición de estar en la incertidumbre es confianza.

Una persona inteligente es aquella que permanece alerta en cualquier situación,

que responde a las situaciones con todo su corazón.

No es que sepa lo que va a ocurrir; no es que sepa, «si haces esto sucederá aquello».

La vida no es una ciencia; no es una cadena de causa y efecto.

Cuando calientas agua hasta los 100 'C, se evapora, eso está garantizado.

Pero en la vida real, no hay nada tan seguro como eso.

Cada individuo es una libertad, una libertad desconocida.

Es imposible predecirlo, imposible imaginárselo.

Hay que vivir estando despiertos y con comprensión.


OSHO

miércoles, 9 de febrero de 2011

Las pérdidas de la vida



Este blog nació con la intención de dar luz a las pérdidas y el consiguiente duelo que provocan, y sobretodo por muerte de seres queridos, para compartirlas y hacerlas más llevaderas.

Como todo cambia, y yo no soy una excepción, en mi propio proceso estoy dándome cuenta de la gran necesidad de procesar pérdidas más comunes, a las que habitualmente damos poca importancia, y que son el pan nuestro de cada día.

Estoy convencida de que llorar lo que vamos dejando atrás, lo que quisimos hacer y no pudimos, es, no sólo sano sino también una manera de poder afrontar mejor las pérdidas más dolorosas.

Los años que pasan, la edad que vamos adquiriendo; el físico que cambia y merma ciertas actividades; los hijos que se van de casa; cambios de trabajo o directamente estar en el paro; compañeros que ya no veremos más; amigos que dejan de serlo; amores que se van; cambios de ciudad, de país, de casa; la menopausia en las mujeres; un aborto; no poder ser madre o padre; el barrio de la niñez; el sitio de veraneo y un largo etcétera.

Uno de los males de nuestra sociedad es darle la espalda a la muerte, no querer saber ni que existe. Las consecuencias de esta actitud son devastadoras: la muerte es la máxima motivación de la vida. Si viviéramos eternamente, la vida dejaría de tener sentido y valor. Todo sería un caos. Lo que hace que la vida sea interesante, que queramos disfrutarla a fondo, exprimir todo su jugo e ir a por nuestros sueños trascendiendo los múltiples miedos que tenemos, es la existencia de la muerte.

Y eso es lo que está pasando. Vivimos como si la muerte no existiera. Nos apalancamos, queremos seguridad, rutina, instalarnos en la zona de comfort y que nada se mueva. Dejamos de perseguir nuestros sueños, de vivir lo que realmente queremos vivir; dejamos de arriesgarnos, de sentir. Estamos dormidos, anestesiados y sólo un golpe fuerte nos despierta, generalmente con una pérdida.

Es cierto, eso es lo que quiere la sociedad de consumo, los grandes intereses comerciales y económicos. La existencia de la muerte perjudica seriamente sus beneficios.

Lo mismo pasa con esas pérdidas de vida: si no hacemos el duelo por la vida vivida y por la no vivida y deseada, si pasamos como si todo eso no doliera, no nos entristeciera, va a ser muy difícil valorar lo que ahora sí tenemos.

Somos lo que somos en función de lo vivido y de lo no vivido; de lo que hemos ganado y de lo que hemos perdido; de lo que hemos llorado y de lo que nos hemos reído.




martes, 16 de marzo de 2010

Reconocer el miedo

Reconocer el miedo no es causa de depresión ni de desánimo.

Porque poseemos el miedo, tenemos también potencialmente derecho a la vivencia de la intrepidez.

La verdadera intrepidez no consiste en reducir el miedo sino en trascenderlo.


La cobardía es pues el intento de vivir nuestra vida como si no existiera la muerte.


Descubrir la intrepidez es trabajar con la vulnerabilidad del corazón humano.

Si uno no siente tristeza de todo corazón, la valentía es tan frágil como una taza de porcelana.

Pero la valentía del guerrero es como un cuenco de madera cubierto con capas de laca; es blando y duro a la vez.

Uno comienza a darse cuenta de que tiene perfecto derecho a estar en este universo, a ser como es y no tiene que disculparse por haber nacido en esta tierra.

A esto se le llama el Sol del Gran Este.

El Sol de la Dignidad Humana.

La Celebración de la Vida.


Chogyam Trungpa